Estado actual de la Ermita del Cerro de los Mártires
Estado actual de la Ermita del Cerro de los Mártires / Fernando Negrete

Los portugueses asaltan Valverde en 1641

  • Hechos acaecidos el 28 de octubre de 1641, noche en que la villa de Valverde fue asaltada por el ejército portugués en su intento por conseguir su independencia de la corona de Castilla

En el primer artículo que leímos sobre la importancia de Valverde en la Guerra de Restauración con Portugal o Guerra de Secesión española nos centramos en una carta que escribió el ejército de Portugal a Lisboa sobre la hazaña del cerco a Badajoz una vez asolan Valverde. Dicha carta está fechada el 23 de septiembre de 1643.

Este nuevo artículo se va a publicar en tres veces por su extensión, y en él nos vamos a retrotraer dos años, concretamente al 28 de octubre de 1641, fecha en que fue asaltada la villa de Valverde por primera vez por el ejército portugués.

La información de este artículo es la traducción que realicé de los Comentarios de los Valerosos Hechos que los Portugueses realizaron en defensa de su Rey y Patria en la guerra del Alentejo que continuaba el Capitán Luis Marinho de Azevedo, gobernando las armas de la misma provincia. El Conde General de Vimioso. Mathias de Alburquerque. Martim Afonso de Mello, texto que igual que la carta ya publicada se encuentra en la Biblioteca Nacional de Portugal y está fechado en Lisboa en 1644.

Este libro está dividido en dos partes y la primera de ella en dos libros. Los hechos relacionados con Valverde son los tres primeros capítulos del segundo libro.

Igual que en el primer artículo publicado, los hechos acaecidos están vistos desde la óptica del enemigo, el ejército portugués. Lo interesante de este artículo radica en la información que nos da de las ermitas existentes en la época y de su situación; algunas de ellas siguen existiendo, como la de Los Mártires y otras desaparecidas como la de San Pedro, de la que se tienen escasas noticias.

Igualmente se hace una descripción pormenorizada de la villa, de su iglesia, de la situación de las trincheras, sus fortificaciones, la construcción de sus casas, etc. Y tal es el realismo con el que se describe el fragor de la batalla que su lectura hace que estemos ante un guion cinematográfico.

La traducción de esos tres capítulos está transcrita a continuación en una primera parte.

Portada del libro

Portada del libro / Cedida

LIBRO II

DE LOS COMENTARIOS DE LA GUERRA DE ALENTEJO

Capítulo I

Del famoso asalto que el General Martim Afonso de Mello

hizo a la villa de Valverde y la victoria

que obtuvo de los castellanos.

Por algunos avisos que el General Martim Afonso de Mello tuvo desde la villa de Olivenza, supo que en la de Valverde que dista de ella más de una legua, se juntaba cantidad de infantería y caballería, a cargo del Comisario general João de Terraças y aquella del Maestre de Campo don Iusepe del Pulgar y Sandoval, Gobernador de la plaza que, por la vecindad que tenía con la de Olivenza, se podía temer que el ejército fuese conducido a pie para su conquista o que se intentase alguna acción como las pasadas. El General se asentó con el Maestre de Campo don João da Costa, asaltando Valverde en la madrugada del 28 de octubre, y que se hiciese con tanto secreto que ni nuestra gente lo pudiese prever, y para que mejor se dispusiese comunicó el General su intención al Maestre de Campo Rodrigo de Miranda mediante una persona inteligente de la villa de Valverde. Vivía en Olivenza un hombre noble natural de allí llamado João Mendez de Magalhães, el cual estando casado en Valverde en tiempo de la aclamación de Su Majestad, pasó a este reino con tres hijos, dejando a su mujer de la que, por ser castellana, no se fio. Rodrigo de Miranda encargó a éste la investigación secreta de algo tan importante, y vino a saber con seguridad que la villa tenía en este tiempo 600 infantes pagados y algunas compañías de quintos de los lugares vecinos, cuyo número y los de la milicia de la misma villa y sus contornos llegaba a mil quinientos hombres y doscientos a caballo en cinco compañías.

Esta plaza era tan considerable para las intenciones del enemigo que aquel verano había llegado a tener tres mil infantes y mil caballos alojados porque, como estaba tan cerca de Portugal, hacían todas las entradas por aquella parte con seguridad por ser fácil la retirada.

Se supo también que los centinelas a caballo del enemigo tenían su cuerpo de guardia en una ermita grande llamada de los Mártires, fundada a tiro de arcabuz de la Villa en un cerro desde donde vigilaban el campo hacia la parte de Badajoz, y Telena, y el camino que, por entre las viñas, va derecho a Olivenza. Tenía otro cuerpo de guardia en la ermita de San Pedro, a tiro de pistola de las trincheras.

Se preguntó a João Mendez de Magalhães por dónde se iba a hacer la entrada para que fuese menos sentida y si el terreno era apto para la artillería. Y fue de su parecer que en ningún caso se hiciese por camino recto, basándose en que la ronda del enemigo se hacía todas las noches por su cuerpo de guardia por el camino, y que nuestra gente se juntase en Olivenza para salir de ella a media noche y atravesar por el campo hasta el camino que venía desde Badajoz, por el cual habían de acometer la villa, ya que por aquella parte no podía temer semejante asalto, y que en ningún caso se llevase artillería por ser el rodeo de más de una legua y tenían que pasar por riberas, pendientes y barrancos, lo que sería impedimento para no llegar pronto, dando lugar a que la villa se defendiese, como después sucedió.

En todo estaba de acuerdo el General con los del Consejo, que votaron conformes en no llevarse artillería porque no habiendo mulas para tirar de los carros sucedería lo que en la ayuda a Olivenza, en que los bueyes con sus lentos y perezosos pasos hacían parar a la infantería. Tomada esta resolución mandó el General venir de Campo Mayor al Maestre de Campo Ayres de Saldanha con su tercio y las compañías de caballo de João de Saldanha y João de Mello, que allí residían, quedándose bastante guarnición para su defensa y en la tarde del domingo 27 de octubre se anunció el día de la llegada de la gente de Campo Mayor, sin declararse por dónde, y proveyendo las guardias necesarias se atajaron los avisos que podían dar al enemigo.

La base del ejército constaba de las dos compañías a caballo ya referidas con que el General salió de Elvas, y las del Conde Fresco, don Pedro de Castro, don João d'Atayde que se le juntó en el camino, y la de don Fernando Téllez en Olivenza, y los tercios de los Maestres de Campo D. João da Costa y Ayres de Saldanha, gobernados por los Sargentos mayores Bento Maciel y João Leite d'Oliveira, y algunas compañías más de diferentes tercios a cargo del Sargento mayor Antonio Gallo. Llevaba la vanguardia de la caballería la compañía del Conde Francez, a quien tocaba por haber salido de guardia y la de la infantería el tercio del Maestre de Campo Ayres de Saldanha por huésped, puesto que tocaba al de D. João da Costa por más antiguo.

Con esta orden marchó nuestra gente encubierta por las tierras de Sosna y Pedregaes, haciendo el camino más largo para engañar a los centinelas enemigos y llegando por la noche volvió sobre el puente de Olivenza y llegó a la villa a las diez de la noche y por haber marchado más de cinco leguas se dio orden de refrescar los caballos y toda la infantería, juntándosele la del tercio del Maestre de Campo D. João de Sousa y algunas compañías de don João d'Almeida, que estaban de guarnición en Olivenza, con lo que se llegó a las dos de la madrugada. Se prepararon escaleras y granadas para escalar las trincheras, las cuales se repartieron a algunos hombres de la villa para que las tiraran en el momento del asalto, por aprovecharse del ganado que robaran.

Conducía João Mendez de Magalhães nuestro pequeño ejército, en el que habría cerca de tres mil infantes y quinientos caballos y por los malos pasos del camino no fue posible llegar hasta el amanecer a un valle a media legua de Valverde en que se formaron los escuadrones y había varios pareceres sobre pasar adelante porque serían las siete de la mañana cuando llegasen y parecía una temeridad atacar una plaza bien fortificada y con tanta gente a pecho descubierto y no era el peor consejo volver a Olivenza dejando aquella acción para una ocasión más oportuna. Pero pareciendo al General y a don João da Costa ser descrédito de nuestras armas y que en nuestro temor podía el enemigo afianzar mayores atrevimientos mandó partir a los escuadrones cubiertos por la caballería hasta descubrir el lugar una vez salieron y siéndole reconocido nuestro campo tocaron luego a rebato partiendo soldados a caballo con los avisos.

Con notable ánimo y alborozo marcharon los nuestros un cuarto de legua hasta llegar a tiro de mosquete donde la villa mal se puede todavía reconocer por estar rodeada de algunos cerros, y tan cercada de basta y densa arboleda de frutales, huertas y laranjales que lo hacía sitio defensivo no teniendo artillería y no lo era menos por arte, porque los vallados de las fincas, árboles frutales, viñas y huertas llegaban hasta las mismas casas sin haber terreno en que pudiesen alargar los escuadrones ni campear la caballería sino entre la villa y un gran cerro que de ella estaba a tiro de arcabuz, detrás del cual se temió tener una emboscada, porque la ermita de los Mártires rodeada de largos pórticos que estaba en lo alto lo hacía prever.

Reconocidas los tres caminos de la villa por don João da Costa que tenía el oficio de Maestre de Campo General, dividió a los soldados en otras tantas partes, tocando a su tercio atacar por la parte de Olivenza, guardando el camino las compañías de caballos del Conde Francez, João de Mello, Comisario General. El camino de Alconchel lo encargó al Maestre de Campo Ayres de Saldanha con su tercio, y las compañías de caballos de João de Saldanha, don João d'Atayde, don Rodrigo de Castro y don Fernando Tellez. El camino de Badajoz, en el que no podía batallar la caballería, se quedó con las compañías del tercio de don João de Sousa, gobernadas por el sargento mayor Luis Pinto de Matos, con las que se encontraron las del Maestre de Campo don João d'Almeida, a cargo de João Alvres de Barbuda, Sargento mayor y Gobernador del tercio, que este día ejerció el oficio de Teniente del Maestre de Campo General.

Señalados los capitanes de los grupos que tenían que atacar las trincheras, corrió el General los escuadrones con la espada en la mano, recordando a todos la reputación de las armas del Rey Nuestro Señor y el crédito del nombre Portugués, por lo cual esperaba que trabajasen en la conquista de la villa, conforme al dictamen de su valor. La respuesta fue caminar hacia las trincheras, de las cuales salieron los castellanos a recibir a los nuestros, dándoles valientes cargas entre los vallados y arboledas, y fue él mismo, que los incitó a avanzar más deprisa, quedando el General con un escuadrón de respeto debajo de la mosquetería del enemigo, para acudir con él donde la necesidad lo pidiese.

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