Francisco con su mujer, María Luisa / Fernando Negrete

Gente Cercana

La historia y el museo de Francisco Martínez Jimeno

El museo de Francisco, en la calle Melilla, es un tesoro de más de mil piezas.

FERNANDO NEGRETE GARCÍA

Un verdadero museo etnográfico con más de un millar de piezas existe en nuestro pueblo del que ya dimos información hace catorce años en un artículo en el diario Hoy.

Nos referimos a la colección, un verdadero 'tesoro', que Francisco Martínez Jimeno, un valverdeño de 74 años, ha ido recopilando 'en serio', como él dice, desde 1990, aunque reconoce que su afición ya la tenía de mucho antes, cuando visitaba el Rastro en Madrid junto a su hermano Andrés. Pero, además de su museo, en esta ocasión vamos a incidir también en la persona.

Luciano Martínez, padre de Francisco / Cedida

Francisco vive en el número 14 de la calle Melilla, pero se crio dos casas más abajo, en el nº 12. Hijo de Luciano Martínez Espejo y de Isabel Jimeno Caldera. Fueron cuatro hermanos, Andrés, Isabel y Luciana, ya fallecidos, y él, que era el más pequeño. La mayor parte de su periodo escolar tuvo a don José Antonio Redondo de maestro en la escuela de la calle Las Torres, también fue algún tiempo con don Eduardo Morera. Sólo tenía seis meses cuando murió su padre, lo que nos cuenta como capítulo aparte:

«A consecuencia de la guerra civil y una vez terminada, mi padre fue detenido y juzgado posteriormente, en diciembre de 1939, acusado de auxilio a la rebelión, que es de lo que se culpaba a las personas que no tenían ningún motivo para detenerlas. Lo condenaron a 12 años de prisión; pasó un año en la cárcel de Olivenza y después lo trasladaron al penal de Orduña (Vizcaya), donde, debido a las inhumanas condiciones, enfermó de tuberculosis y en 1941 fue trasladado a la Cárcel Provincial de Tabacalera en Bilbao. Ante el mal estado de salud, se le concedió la libertad provisional el 31 de diciembre de 1942, habiendo cumplido 3 años, 7 meses y 28 días de prisión. A consecuencia de su enfermedad fue ingresado en el Hospital de Las Poyatas en Palomas, cerca de Almendralejo, allí murió el 11 de mayo de 1946. No nos avisaron del fallecimiento y mi madre se enteró de forma casual y nunca nos dijeron dónde fue enterrado. Mi pobre madre no se atrevía ni a preguntar por su marido, sufrió mucho en la guerra, la pelaron y le dieron ricino, y tenía mucho miedo. Hicimos muchas averiguaciones, pero nunca conseguimos enterarnos donde enterraron a mi padre.

Desde que murió mi padre en 1946, mi madre no recibió ninguna pensión de viudedad en 44 años. Con la llegada de la democracia recibió una compensación de algo más de un millón de pesetas, unos 7.000 €, y en 1990 cobró la primera paga de viudedad, que solo la disfrutó tres años, pues murió en 1993».

A finales de los 50, su madre, su hermana Luciana y él se marcharon a Badajoz, allí trabajó hasta los 17 años en una zapatería en la calle Afligidos. En 1964 emigró a Francia con su hermana y estuvo trabajando en una empresa de bovinas de chapa hasta que tuvo que incorporarse al servicio militar en San Fernando (Cádiz) y en Ceuta. Terminada la mili, se fue a Madrid, donde estaba su hermano Andrés, allí trabajó primero en una empresa del metal y después se incorporó a la Compañía Marconi, fabricando televisores, radios y electrodomésticos, y por último en telefonía móvil. Fue un destacado militante sindicalista, como así se lo reconoció Comisiones Obreras por su compromiso, afiliación y lucha durante más de 40 años. Se casó con una madrileña, María Luisa Ortega Jiménez, tienen tres hijos varones que residen en Madrid, Francisco, Fernando y José Ramón. Cuando cumplió los 60 años, este madridista de pro, se acogió a la prejubilación y desde entonces pasa largas temporadas en nuestro pueblo, alternándolas con otras en Getafe.

Baúl, molinillos de café y hornillas de carbón / Fernando Negrete

El museo

Francisco lleva más de 30 años coleccionando las piezas que hay expuesta por toda su vivienda, muchas las fue adquiriendo a lo largo de los años en el Rastro madrileño, otras las ha ido comprando en Portugal y en chatarrerías, también hay bastantes regalos, y los primeros sábados de cada mes suele ir al mercadillo de antigüedades en la Plaza Alta de Badajoz.

Muchos de los objetos han necesitado ser restaurados, a esos trabajos dedica Francisco muchas horas y cuando están terminados se puede comprobar la perfección de la tarea realizada. Lo pudimos comprobar con cantidad de cacharros y especialmente en las camas y en los baúles, como es el caso de la cama de su primo 'Canuto' y el del baúl de su madre.

El rincón de las radios, y funcionan / Fernando Negrete

La lista de herramientas, utensilios, muebles, aparatos, etc., sería interminable, están llenas las paredes del amplio patio, del porche, del cobertizo, del salón, del pasillo…por todos lados. La visita merece mucho tiempo para poder ver, comentar y disfrutar.

Una de las paredes del patio / Fernando Negrete

Incontables herramientas agrícolas, de carpinteros y otros oficios, utensilios de cocina, aparatos eléctricos como llaves de la luz, contadores, enchufes, faros de bicicleta… Objetos y aparatos de toda clase, como molinillos de café, planchas de todas las épocas, lámparas, cerrojos, candados, cuchillos, tinajas, radios, mecheros, adornos, máquinas de escribir, teléfonos… hasta el letrero del estanco de Emilia con la bandera de España.

De la tienda de Julián Ortiz hay varios objetos, como un cuchillo corta bacalao antiguo, una bomba dispensadora de aceite de los años 40, y especial para mí, un mueble expositor de 12 tarros de cristal de caramelos Tardá con sus tapas labradas originales, ¡cuántos caramelos y chicles, regaliz, bolas de anís… me despacharon la señora Maxímina, Luis, Julián o Antoñita! cuñada de Francisco, pues se casó con su hermano Andrés.

En definitiva, tenemos en nuestra localidad una verdadera muestra que puede ser el cimiento de un museo etnográfico municipal, aunque Francisco tiene previsto dejar todo a sus herederos el día de mañana y que ellos decidan.