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José Espejo Parra, 'Pepín el Perigallo', más de medio siglo de albañil

José Espejo Parra/Fernando Negrete
José Espejo Parra / Fernando Negrete

«En la iglesia hicimos una fosa en la que se enterraron muchos restos humanos»

Fernando Negrete
FERNANDO NEGRETE

José Espejo Parra, más conocido en Valverde como 'Pepín el Perigallo', hijo de José Espejo Vinagre y Octavia Parra Corchuelo, nació el 12 de marzo de 1946, tiene pues 72 años.

Pepín se dedicó al oficio de la albañilería durante 53 años, más de medio siglo trabajando en una profesión de la que siempre estuvo enamorado. En estos párrafos cuenta como llegó a ser un profesional en los trabajos de la construcción.

«Fui a una de las dos escuelas que había en La Goleta, con varios maestros, Don Julio Antúnez, Don Eduardo, Don Fructuoso y Don Gerardo. Me gustaba ir a clase y siempre me hizo ilusión haber estudiado más.»

Cuenta que su padre trabajaba en las labores del campo hasta finales de los 50 que empezó a dedicarse a la construcción con albañiles del pueblo, Barriguiña, Aceituna y Joaquín Sosa. Él, con 12 años, se incorporó al oficio y en él permaneció hasta su jubilación. «Solo estuve en dos ocasiones sin ejercer de albañil, durante dos años y medio nos fuimos a Madrid por motivos de salud de mi madre, allí mi padre siguió trabajando en la construcción, pero a mí, un valverdeño, Inocente 'Pinchauva', me buscó un trabajo en un taller de platería; y la otra ocasión fue en la mili que la hice en África, en Sidi Ifni, durante 13 meses hasta que se entregó a Marruecos, luego seguí junto a mi padre hasta que se jubiló y a partir de ahí, por mi cuenta.

En los buenos tiempos llegamos a tener diez obreros, y me siento especialmente orgulloso, de que todos estaban dados de alta.»

Se casó a los 27 años con Ceferina Durán Hereda, tienen tres hijos, Mari Carmen, José Miguel y Manuel Antonio, y seis nietos, José Miguel, Sergio, Lucía, Manuel, Julieta y Ángel. Su hijo José Miguel ha seguido sus pasos en la albañilería.

Poco antes de la llegada de su jubilación, sufrió un infarto por el que no le dieron la incapacidad, por lo que tuvo que seguir trabajando, pero a medio gas, durante los meses que le quedaban hasta cumplir los 65 años.

Pepín asegura que, a lo largo de tantos años de trabajo, ha realizado incontables obras de reformas y nuevas viviendas, la mayoría en Valverde, pero también en otros pueblos, En La Albuera estuvo dos años, Almendral, Táliga, y también en bastantes cortijos. Destaca algunas de ellas: «Hicimos una importante obra de reformas en la iglesia, yo piqué toda la piedra de granito e hice las molduras en las juntas, se construyeron las dos plantas del teleclub en lo que era un corral lleno de los escombros de la 'Media Naranja' que se había derribado unos años antes, también se hizo una fosa donde se enterraron los numerosos restos humanos que se habían encontrado, se picaron todas las paredes y se puso el piso . También hicimos el colegio Cristo Crucificado en lo que era una casa de doña Paula Puebla, y varios hornos en la fábrica Excarsa.»

Recuerda que, en la obra de la iglesia, que fue a mediados de los 60, su padre tuvo un grave accidente al caerse de varios metros de altura. «La caída le pudo costar la vida, pero por suerte sólo se partió los dos brazos.»

Desde su jubilación disfruta de su familia, amigos y aficiones, entre las que destaca, la caza que la practica según le permite su estado de salud, las partidas de dominó acompañada de un vasito, que también le gusta, y el fútbol del que es un gran seguidor madridista, fue uno de los fundadores de la peña madridista de Valverde de Leganés y también directivo del Racing Valverdeño.

 

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