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Adolfo conserva su traje de la mili
Adolfo Soriano, 99 saltos en paracaídas
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Adolfo Soriano, 99 saltos en paracaídas

Adolfo Soriano Mendoza Caballero legionario paracaidista Como casi todos los de su edad, tuvo que hacer el servicio militar obligatorio. La diferencia es que lo hizo en ‘los paracas’. Un tiempo del que guarda buenos recuerdos

Fernando Negrete

Miércoles, 25 de julio 2018, 09:33

Fueron cientos, miles, los valverdeños que tuvieron que hacer el servicio militar obligatorio en los distintos cuerpos del Ejército, infantería, caballería, aviación, marina, etc., pero fueron muy pocos, sólo uno o dos, los que la hicieron en los paracas.

Adolfo Soriano Mendoza fue uno de los que cumplió con sus obligaciones militares como paracaidista. Hijo de Juan y Sebastiana, nació el 15 de agosto de 1947, fue el segundo de cinco hermanos, Manolo (+), Adolfo, Juan, María y Laura.

Su periodo escolar lo pasó con don Julio Antúnez y don Fructuoso, en las escuelas de la Goleta. Después a trabajar en la finca La Nave, guardando vacas y de jatero con Avelino Berrocal Hernández, hasta que, con 21 años, se fue a la mili al campamento de Ovejo (Córdoba). Adolfo enseña una fotografía en la que están los catorce valverdeños que allí hacían el campamento (arriba están, Paco en Neno, Olivero, Teodoro Aguilera, Gumersindo, Curro el del carbón, Molina y Anselmo; abajo está él, Eduardo Cañería, Antonio Botello, Pituso, Manolín el vallero, Kiko Vito y Ángel Borrego).

«No lo dudé»

Cuenta que allí estuvo sólo 13 días, pues cuando llegaron los paracaidistas pidiendo voluntarios. «No lo dudé y me marché con ellos a la Unidad de Paracaidismo de Murcia donde estuve dos meses y después a la Escuela de Alcantarilla en la misma provincia, para realizar durante un trimestre el curso de paracaidista y allí hice mis seis primeros saltos».

El curso de legionario lo hizo en el Campamento de Santa Bárbara, tras el cual fue destinado, ya como caballero legionario a la 3ª Bandera Ortiz de Zárate de Alcalá de Henares, donde estuvo realizando dos saltos semanales durante ocho meses y también en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Maspalomas (Canarias), Manresa, Cáceres, Valladolid y Ávila.

Orgulloso comenta: «Me dieron un Diploma Certificado en el que pone que realicé 99 lanzamientos desde avión, con un magnífico espíritu paracaidista y que observé una conducta intachable, haciendo honor a los títulos de Caballero Legionario Paracaidista».

Adolfo se licenció en septiembre de 1971, y un año después se casó con Elia Martín Flores y así libraba a su hermano Juan de hacer la mili. Del matrimonio tuvieron seis hijos, María José, Adolfo (fallecido en 1991), Juan, Lauri, Sebas y Manolo. Recién casados se fueron a trabajar a la finca La Peralta en la carretera de Cáceres y en 1975 emigraron a Durango (Bilbao). Allí trabajó 8 años en una fundición. De regreso a Valverde tuvo varios trabajos, en Excarsa, con su primo Frasco Loiro en las alpacas, el carbón y picón. En la finca de frutas Rincón de Caya estuvo 15 años de manijero, allí le dio un infarto y tras pasar por el tribunal médico se jubiló a los 54 años.

«Desde que me jubilé me dedico a mi pequeño huerto y una bodeguilla, allí nos juntamos unos cuantos, y echamos buenos ratos y nos tomamos unos vinos, los hermanos Lara, José el granuja, Manolo Ochoa, Antonio Casado, mi sobrino Rafael y algunos más».

En ese refugio tiene su particular museo con numerosos trofeos de fútbol y tenis de sus hijos, Lauri y Sebas, recuerdos de periódicos y revistas, la moto de su hijo Adolfo y algunos objetos antiguos, tijeras, tenazas, trampas en fin, suficiente para pasar un buen rato entretenido.

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