El Llano del Lagar no es lo que era
Ahora, en plena crisis sanitaria por la pandemia de COVID-19, el Llano Lagar está dormido
fernando negrete
Jueves, 16 de abril 2020, 11:53
Los que tenemos la suerte de haber nacido y crecido en un pueblo y ya peinamos abundantes canas, somos depositarios de una riqueza de experiencias ... adquiridas en los años de infancia que nos han acompañado y nos acompañarán toda la vida.
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Cuando hacemos recordatorio de la niñez, la vemos como una etapa que nos quedó grabados, lugares, amigos, juegos… Algunos de ellos perduran con un sabor especial y que traemos a la actualidad, recordando lo particular que tiene para nosotros.
Eso me sucede cuando retrocedo décadas en el tiempo, más de medio siglo. En ese viaje en el tiempo, casi siempre me aparece el Llano del Lagar. Ese lugar era mi mundo, y el de mi hermano, y el de mis amigos. Por allí había que pasar para ir a cualquier sitio de Valverde, allí disfrutábamos con una buena cantidad de juegos, allí se reñía con algún amigo de vez en cuando, allí quedábamos para ir a otras partes del pueblo, y, solo era eso, un llano, en el que comenzaban varias calles y que para los mayores era el centro del pueblo. Para mí y para mis amigos, era el centro del universo, era el Sol, todo giraba a su alrededor.
«El Llano era mi mundo, y el de mi hermano, y el de mis amigos»
Yo nací y me crie, en la segunda casa de la calle Larga (Reyes Huertas, 2), hoy sigo viviendo en la misma calle, aunque algo más arriba, en el número 10. Esa calle, para mí, es la principal que sale del Llano del Lagar, por lo que vivía a pocos metros de él. Ahora el Llano está lleno de isletas que organizan el tráfico que entonces no había; en una de ellas hay un molino de aceite que hace gala al nombre de la plaza, algunas de sus piezas estuvieron expuestas en la Exposición Universal de Sevilla 1992 y fueron donadas por la familia Serrano-Marín, como así se refleja en una lápida en sus paredes. En otra isleta, junto a varios olivos, hay un pedestal con un busto del 'Temerario', un trabajador valverdeño, y en una tercera, más olivos y plantas. Todo asfaltado y con amplias aceras que sirven para un continuo ir y venir de personas.
En aquellos tiempos de mi infancia, el Llano era solo tierra o barro, dependiendo de la época del año, piedras, cunetas y solo un estrecho carril de alquitrán que lo atravesaba e indicaba por donde pasaba la carretera de Badajoz. Por allí estaban los coches de punto, Pito y Jesús, y veíamos llegar las Ledas, paraban y bajaban o montaban a los viajeros, y nosotros mirando por si llegaba alguna niña guapa o un nuevo amigo. ¡Y aquellos camiones Pegaso, Ebro, Avia, etc!, cargados hasta las mazas de pacas de paja, nosotros decíamos 'alpacas', que paraban en los bares del Llano, Valmarrey, El Enrrea, El Vallero o Fifi, donde se refrescaban conductores y obreros.
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También perduran los olores que en invierno salían del Lagar de Don Andrés, que daba nombre al Llano, aromas de aceite, orujo, aceitunas, calderas, y la peste del alpechín; y aquellos enormes camiones-cisternas que venían de León y llenaban sus depósitos del preciado 'oro verde'. Recuerdo el gran rótulo que comercializaba el aceite de Valverde, 'ELOSUA'.
Pero, sobre todo, el recuerdo me lleva a los lugares de juego. Había tres zonas principales: la 'puerta de Julián', que era una terraza que recibía ese nombre por estar allí la tienda de Julián Ortiz; allí jugábamos a juegos de poca movilidad, a la pared, a los santos, al mendrugo, y aprovechando el escalón de la terraza, a los burros mallorquines. La segunda zona, era la puerta de la fonda del Chuiquinino, en la que había un gran tilero que aún se conserva. Alrededor del viejo árbol nos situábamos para jugar a 'coger' y a las carreras. Y la tercera zona, que era todo el Llano, unas veces para jugar al fútbol, hasta que llegaba Manolo 'Lucio', el municipal y fin del partido, otras para jugar al escondite o a los agazapaitos.
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«He visto al Llano Lagar dormido, duerme día y noche, nadie lo pasa, nadie viene ni nadie va»
Eso y muchas cosas más, era el Llano del Lagar, un lugar entrañable que formaba y forma parte de varias generaciones entre las que yo me encuentro como un afortunado que lo sigo disfrutando. Y diría que esa zona en la que viví y sigo viviendo, 'Huele a Llano Lagar'.
Ahora, en plena crisis sanitaria, en fechas tristes y oscuras por la pandemia de COVID-19, desde la terraza de mi casa del número 2, veo al Llano Lagar dormido, duerme de día y duerme de noche, nadie lo pasa, nadie viene ni nadie va. Llegarán fechas de luz y el Llano del Lagar, mi llano, despertará.
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