Un paseo por el tiempo, la posada del Llano
Fue construida en el año 1906 y en sus inicios fue utilizada para hospedar a los numerosos vecinos visitantes que llegaban a la localidad
Fernando Negrete
Miércoles, 22 de febrero 2017, 20:22
En las primeras décadas del siglo pasado proliferaban en los pueblos fondas, pensiones o posadas que eran necesarias para hospedar los numerosos visitantes que llegaban casi a diario. Viajantes que visitaban los comercios durante varios días, alfareros que recorrían las calles con sus burros vendiendo cántaros, porrones, tinajas, etc., hojalateros, feriantes, compañías artísticas, fotógrafos, etc., eran los usuarios habituales de los locales de hospedaje de pueblos, aldeas y ciudades.
En nuestra localidad se conocieron dos posadas, una en la Goleta y otra en el Llano del Lagar, y dos fondas, la del «Chiquinino», también en el Llano y otra en el Altozano; además varias familias alquilaban habitaciones que tenían bastante demanda en los años cincuenta por los pantaneros que se encontraban trabajando en la construcción de Piedra Aguda.
El año pasado se cumplieron 110 años de la existencia de la Posada del Llano del Lagar, en su portada se puede ver la fecha del año de construcción, 1906. La Asociación Cultural Amigos de Valverde, en su revista La Fuente nº 8 de agosto de 2004, publicaba la historia de esta edificación con las informaciones facilitadas por su propietario Julián Ortiz Torres.
Lo que había sido «La Posá» tuvo su fin en el 2003 cuando se iniciaron las obras para construir 5 pisos y 7 cocheras en sus 787 metros cuadrados. El derribo de las edificaciones ha terminado con sus casi 100 años de existencia, a lo largo de los cuales familias, vecinos, etc., han desfilado por sus viviendas y locales.
Julián, contaba que, corrían los primeros años del siglo pasado, cuando su abuela paterna, Antonia Rastrollo Corchuelo, casada con Leopoldo Ortiz Bravo, cochero que a diario realizaba el trayecto Valverde-Badajoz con viajeros y mercancías en su coche de caballos, era mujer emprendedora y negociante, decidió construir en los terrenos de la conocida como «Posada», varias viviendas y locales y destinarlos a pensión o fonda para aquellas personas ambulantes que pasaban por nuestro pueblo o tenían que permanecer en él por temporadas. Fue en 1906, cuando los locales mencionados se ponían a disposición de quien los necesitase; en concreto se habían construido, alrededor de un corralón central, dos viviendas al frente con tres habitaciones y cocina cada una, destinadas a familias, otra más, a la derecha que contaba con una habitación grande con una división de tabique, una nave grande para hombres a la izquierda dotada de dos chimeneas y entre ella y el callejón una cuadra, una nave más pequeña al frente también para las bestias, un pozo que existe actualmente y era compartido con una vivienda colindante que en aquellos entonces era propiedad de un hermano de la dueña, un estercolero para las necesidades de los hospedados, una habitación a la entrada para el «guarda» y un pequeño jardín central de adorno con un estanque para patos.
Durante unos 20 años ese fue el uso de los locales de La Posada, Aproximadamente a partir de 1936, durante la guerra civil, Julián Ortiz Rastrollo, hijo único de la mencionada Antonia Rastrollo, que había fallecido en 1933, y estaba casado con Maximina Torres Prado, instaló en la Posada una vaquería que estaría en uso hasta los primeros años de la década de los 40. A partir de entonces se alquilaron las viviendas a distintas familias pero ya con carácter permanente, no como posada; los otros locales se destinaron a almacenes y el corralón se usó desde 1950 a 1958 como cine de verano, teatro y baile. Estos espectáculos al aire libre estuvieron regentados por Julián Ortiz Torres y su socio de Badajoz, Antonio Caldito.
Contando Julián esta historia y ayudado por su hermano Luis, recordaban algunos títulos de películas que por aquellos años fueron todo un éxito (La Pimpinela Blanca, Boda Accidentada, La Hija del Capitán, etc). También recordaron la mayoría de familias que vivieron en la Posada: Manuel Martínez y Adela Rodríguez, Francisco Rabel y Leocadia Megías, Bernardo Zahiño y Luisa González, Francisco Martínez Ramos (Cidoncha) y María Hereda Rabel, Joaquín Macías Trinidad y Joaquina Nieto, Fermina Matamoros, Ramona Setín, Pepe Corchuelo y Virtudes Soriano, Rosario Duarte (La Cana Condena la Chica), Manuel Vaca e Isabel Durán, Wenceslao López (Chaqueta) y su familia que tuvo una fragua, César Cuellar que fue el último inquilino hasta que falleció su esposa Amparo Rodríguez en1996.
En los últimos años La Posada ha servido de almacén y cochera hasta finales de 2003, que como se comentaba al principio, comenzaron las obras de construcción de los pisos que actualmente la conforman.