El Tilero del Llano, símbolo de Valverde, se encuentra en un delicado estado de salud
Este ejemplar fue el único que se salvó del destrozo ecológico de los años 70 que sufrió todo el casco urbano de Valverde
Fernando Negrete
Lunes, 19 de junio 2017, 22:16
Sobre el Tilero del Llano, se han publicado ya dos informaciones, una de Isabel Rodríguez Guisado, en la que cuenta cómo su tío Camilo sembró dos tileros en la fachada de la fonda que después se conocería como del Chiquinino y de los que solo vive el actual, y otra información sobre cómo se salvó del destrozo ecológico de los años 70 cuando fue el único árbol del casco urbano que quedó en pie. En esta ocasión se trae aquí una colaboración de José María Franco, responsable del cuidado y mantenimiento de los espacios verdes de Valverde de Leganés, informa del estado actual del Tilero del Llano. El análisis que Franco hace del estado del árbol es el siguiente:
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Actualmente el árbol tiene una copa formada por tres ramas, en una de ellas se observa la formación de reiterados (ramificación desordenadas de ramillas), como mecanismo de restauración y respuesta del árbol al estrés producido por el desmoche de la rama, fase de reacción. En el punto de desmoche y por debajo de las nuevas brotaciones se observa la aparición de una columna de pudrición , sobre la que se apoyan las nuevas ramas que carecen de dominancia, empezándose a apreciar la fase de sustitución. Las otras dos ramas se componen de nuevas brotaciones organizadas sobre antiguos desmoches, habiéndose reestructurado una nueva copa, más o menos consolidada.
Gran oquedad en el tronco
El tronco presenta una gran oquedad que recorre toda su longitud, esta se encuentra compartimentalizada, no hay síntomas de pudriciones activas con exudados. El árbol no presenta plagas o enfermedades y mecánicamente no se aprecian problemas graves de estabilidad.
Se encuentra en un entorno limitante para el desarrollo del árbol tanto por la circulación viaria como por la interferencia con las redes propias de un espacio urbanizado.
El estado de debilidad actual del árbol, hace que cualquier intervención sobre el mismo deba limitarse a una poda mínima de limpieza y mantenimiento, encaminada a reestructurar en la medida de lo posible la última rama desmochada y un ligero aligeramiento de las ramas consolidadas, para facilitar además los compromisos de espacio con la fachada cercana y la circulación rodada. En ningún caso debe volver a desmocharse el árbol con la falsa idea de que de esta manera en árbol se vigoriza o rejuvenece, idea que además de equivocada, dañaría su integridad, abriría la puerta para la entrada de plagas y enfermedades y debilitaría el sistema de defensa del árbol. La fragilidad del árbol puede verse agravada lo que podría originar un fatal resultado.
Sin presentar valores excepcionales, la ubicación de este árbol y el ser testigo de la historia de la localidad, hacen de él un recurso útil para entender el valor de los árboles, para saber cuánto nos dan a cambio de tan poco y cómo su capacidad de adaptación los hace sobrevivir en condiciones extremas e impensables para otros seres vivos, hecho que debería hacernos reflexionar sobre el respeto que merecen y la humildad con la que deberíamos ponernos delante de ellos.
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