Valverde de Leganés y la superación de otras epidemias
Comisión de Patrimonio de Valverde de Leganés ·
Una de las que mayor impacto ha causado en la población de Valverde fue el cólera morboNOÉ CONEJO
Domingo, 5 de abril 2020, 08:05
Del mismo modo que geógrafos, demógrafos o historiadores bautizaron al 1918 como «el año de la Gripe Española», es más que probable que el 2020 ... pase a los anales de la historia como «el año del Covid-19». Restricciones de movimientos, medidas económicas y sanitarias de carácter extraordinario, y una desbordante solidaridad que no se veía en los países europeos desde el fin del conflicto bélico que más vidas se ha cobrado en el siglo XX: la II Guerra Mundial. Ante el miedo hacia un futuro incierto, quizás sea necesario revisar la documentación histórica para demostrarnos que Stephen Hawking tenía razón cuando dijo 'mientras haya vida, hay esperanza'.
La comunidad de Valverde de Leganés ha experimentado en sus carnes en varias ocasiones el impacto de dramáticas epidemias y pandemias. Los libros parroquiales de la Iglesia de San Bartolomé Apóstol nos han proporcionado numerosos datos sobre cómo afrontó la localidad trágicas situaciones víricas durante los siglos XIX y XX; por no hablar de otras sufridas siglos atrás de las que no tenemos registros. Quizás la más conocida de todas sea la famosa «gripe española» que convulsionó al mundo en las postrimerías de la I Guerra Mundial. Una pandemia ahora resucitada por la prensa por la gran repercusión mediática que tuvo en países como España – de ahí que recibiera el apelativo de española – y por la enorme cantidad de vidas que segó en un mismo año. Pero a nuestro juicio, existieron otras enfermedades mucho peores, no solo por la virulencia de sus efectos, nunca mejor dicho, sino también por las medidas adoptadas para su contención y las graves consecuencias posteriores.
El cólera surgió en la India en 1817 y en poco tiempo llegó a España
Quizás una de las que mayor impacto ha causado en la población de Valverde de Leganés sea el cólera morbo. Esta infección surgió en la India en 1817 y en poco tiempo llegó a España, donde se desarrollaron varios brotes a lo largo de esta centuria causando un gran número de defunciones. El cólera es una enfermedad muy contagiosa – trasmitida principalmente por el agua y los alimentos – que genera en el ser humano vómitos y graves cuadros de disentería; lo que producía fácilmente una muerte por deshidratación. En Valverde de Leganés el cólera fue muy sentido en una población que no superaba los 2.500 habitantes. Los libros parroquiales registraron brotes en 1831 (con 110 fallecidos), 1855 (168), 1856 (132), 1859 (144), 1887 (109), 1894 (129), 1895 (103) y 1896 (138). Entre las victimas contabilizadas se encontraban por mayoría las más vulnerables, es decir, ancianos y niños. Sobre todo, estos últimos, y más aún si no superaban el año de vida, ya que se pensaba que, para limitar el efecto de la infección, lo más correcto era no proporcionar al enfermo cualquier tipo de líquido; por lo que 'era peor el remedio, que la enfermedad'.
España entera tuvo que soportar durante varios años los estragos de una infección que no distinguía ni a ricos ni a pobres, ni a creyentes ni ateos. Sobre todo, en el periodo comprendido entre el 1855 y el 1896, años de mayor impacto de la enfermedad en la sociedad española. Badajoz y su provincia comenzaron a experimentar sus primeros casos a mediados de 1854. Con el paso de los meses la enfermedad se extendió con gran rapidez, afectando a casi todos los pueblos de la provincia, como también sucedió en el resto del territorio español. La situación fue bastante grave, ya que además del número de contagios y muertes, el miedo a lo desconocido desató entre la población una oleada de tumultos que complicaron aún más la situación política, económica y sanitaria del país. Ante tales acontecimientos, el gobierno de Isabel II se vio forzado a tomar medidas que favorecieran el freno a los contagios y el descenso de fallecidos. Entre las prácticas promulgadas y desarrolladas destacaron el famoso confinamiento, el cierre de fronteras – especialmente la portuguesa por la gravedad del asunto en el país vecino –, una mejora de la higiene personal y una especial atención al saneamiento de ciudades y pueblos. Recordemos que la inmensa mayoría de localidades carecía del asfalto que hoy conocemos y sobre todo de una amplia red de cañerías que evacuasen todas las aguas residuales. El tratamiento de estos últimos escenarios fue muy complicado, pero rápidamente solventado con el uso de 'ácidos minerales y principalmente del gas de cloro y aun mejor de las aguas cloruradas en riego, aspersiones y evaporación'. Ante la falta de medicamentos que ayudaran a mejorar a los enfermos y a frenar el contagio de otros, las medidas propuestas por el citado gobierno ayudaron a contener el número de contagiados, el cual descendió considerablemente según fueron pasando los meses.
El hombre del siglo XXI superará esta adversidad; ya que 'mientras haya vida, hay esperanza'
Nuevos brotes en el último cuarto del siglo XIX permitieron al médico catalán Jaime Ferrán confeccionar una vacuna muy efectiva contra el cólera; pero tal descubrimiento no gozó de la aceptación de la comunidad científica, por lo que tal vacuna no pudo inocularse a numerosa población a pesar de los éxitos obtenidos en muchos enfermos. Este hecho hubiese frenado el nuevo y duro brote de cólera que sufrió España en la última década del siglo; cuyos efectos en Valverde de Leganés también fueron devastadores. Se volvieron a tomar las mismas medidas que años anteriores y se consiguió frenar de nuevo el avance de la enfermedad. No será hasta 1919 cuando la vacuna de Ferrán sea autorizada por la comunidad científica, poniéndole fin al cólera con el paso de los años en prácticamente todo el mundo.
La peste, el tifus, la fiebre amarilla, el cólera o la gripe han sido los peores enemigos con los que ha tenido que luchar el ser humano. Unos enemigos siempre en posición beligerante que nunca han distinguido de razas, de religiones y mucho menos de ideas. La reflexión es evidente. Si las sociedades que nos han precedido superaron tales adversidades con muchos menos adelantos que los que ha desarrollado la humanidad en los últimos cuarenta años, el hombre del siglo XXI no será menos; ya que 'mientras haya vida, hay esperanza'.
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