Valverde, un pequeño pueblo que ahora es más grande
Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, en lugares pequeños, pueden cambiar el mundo
JOSÉ MARÍA FRANCO
Jueves, 9 de abril 2020, 08:00
Ha pasado muy poco tiempo pero las cosas han cambiado demasiado. Lo que antes era rutinariamente normal, tan cotidiano que apenas tenía un valor excepcional, ... es ahora un afán para todos. Quien pensaría hace poco más de un mes, en el profundo significado de un abrazo, en la libertad de caminar sin un rumbo fijado.
Todo ha cambiado demasiado deprisa y ahora nuestros sentimientos, nuestra fortaleza, nuestra estabilidad individual y colectiva se ha puesto a prueba. Compartimos miedos, angustias e incertidumbres. Todo por una emergencia sanitaria de dimensión mundial, de escala planetaria, un golpe seco que nos ha hecho sentirnos inseguros y vulnerables.
Mirad todo lo que estamos viviendo, viviendo sin tiempo, días que se suceden cargados de pautada rutina, de situaciones muy duras y difíciles, de sentir miedo por los nuestros y de acercarnos al dolor de los demás, de sentir la soledad de nuestros mayores, de familiarizarnos con cifras aterradoras.
Solo hay una forma de acercarse con otra mirada a esta trágica pandemia, y esta es, mirar y mirarnos unidos, compartiendo un sentimiento común, una misma actitud, tener un mismo objetivo, alcanzar la misma meta, intentar con la suma de todos, superar el reto que enfrentamos. A eso debemos agarrarnos.
Todas esas personas que se unen en torno a ese sentimiento común, que lo hacen de forma espontánea y generosa, son la cara amable de esta aborrecible situación. Todos los que se han encerrado en sus casas, reduciendo su mundo, sus ilusiones y sus anhelos a un balcón o una ventana y todos los que salen a trabajar para cuidarnos, pensando en nosotros, olvidándose de ellos.
Hay una frase que hace tiempo se convirtió en un recurso repetido en muchas situaciones, y que ahora, más aún cobra un significado tangible «mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, en lugares pequeños, pueden cambiar el mundo», y si no el mundo, al menos si el curso de los acontecimientos.
Hay mucha gente grande, haciendo muchas cosas grandes, para que todo esto pare y deje de rompernos el alma. Gracias a todas ellas, que en lugares pequeños intentan cambiar el mundo. Gracias a ese ejército de mujeres que estáis cosiendo batas para los hospitales, vuestras máquinas de coser son ahora igual que las máquinas agrícolas, nuestras armas en esta batalla desigual frente a la enfermedad; gracias a los agricultores que desde el primer día os ofrecisteis para desinfectar las calles; gracias a los que usáis vuestro ingenio para fabricar pantallas de protección facial; gracias a los motoristas que entregasteis vuestras gafas para proteger a los sanitarios; gracias a los que habéis donado las pocas mascarillas que quedaban en vuestra farmacia, para que las repartamos allá donde más útiles puedan ser; a los que habéis donado guantes, hipoclorito para desinfección; gracias a los que con vuestros dulces habéis alimentado el ánimo de los que están trabajando por todos.
En definitiva, GRACIAS a tanta gente por vuestra disposición, por vuestro aliento, por cada pequeño gesto que ahora se siente grande, gracias por uniros para tratar de aliviar el daño de esta crisis en nuestro pequeño pueblo que ahora es más grande.
Ahora tenemos tiempo para la reflexión, aprender de errores pasados, aspirar a cambiar el mundo. Esta tremenda tragedia solo podría tener un resultado positivo, sentar una base sólida, un cimiento firme sobre la que construir una sociedad mejor.
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